En tu infancia has visto la película ‘SUPERMAN’. Todos las niñas y niños pequeños han visto esa película. Tú también.

De pequeño yo también quería volar y tener esos super poderes. Menos mal que SUPERMAN utilizaba esos poderes para hacer el bien. Si en lugar de ser un superhéroe de ciencia ficción fuera real, estoy seguro que hubiera colaborado con alguna ONG.

Por ejemplo la tuya ¿Te imaginas?

En los años 80, había una serie llamada “El gran héroe americano”. Era una versión de SUPERMAN pero mucho más cutre. Aunque también tenía superpoderes, no los dominaba.

Este superhéroe, pierde el manual de instrucciones y no sabe exactamente cómo funcionan sus poderes.

Es torpe.

Vuela con dificultad y se estampa contra el suelo.

Es un poco patético la verdad.

Eso sí, hace mucha gracia y enseguida se hace de querer.

A ver, si yo tuviera problemas, problemas de verdad ¿eh? preferiría que viniera a rescatarme SUPERMAN. El gran héroe americano, no. SUPERMAN.

El gran héroe americano podría ser mi amigo, eso sí. Pero si estuviera en problemas preferiría a un superhéroe competente. Tal cual.

Es un caso parecido al que me pasa con las ONG.

Las ONG tienen superpoderes. ¿Quieres que te diga uno? Por ejemplo, pueden recibir voluntariado. Las empresas, no.

Las ONG pueden tener voluntarios y voluntarias que les ayuden a tener más impacto social.

Las empresas, si quieren que alguien les ayude en su actividad empresarial, les tienen que pagar un sueldo. Se llaman empleados. Los tienen que pagar.

Las ONG pueden tener a personas que están dispuestas a ofrecer su tiempo y conocimiento para ayudar a una causa social. De forma no remunerada. Son voluntarios.

Pueden tener 3, 17 o 50 voluntarios. Eso depende del tamaño y la capacidad de organización que tenga una entidad social.

Pero claro, al igual que el El gran héroe americano muchas ONG no tienen un manual de instrucciones para gestionar esos superpoderes.

No tienen un protocolo ni un plan de voluntariado.

Tampoco los asignan a proyectos concretos.

Ni les hacen entrevistas de salida. Entre otras cosas, porque no saben que un voluntario tiene que finalizar algún día su voluntariado.

Si yo quisiera hacer un voluntariado elegiría antes a una ONG que se pareciera a SUPERMAN que a una entidad social que se pareciera a El gran héroe americano.

Yo haría, sin duda, un voluntariado en una entidad que tuviera organizada el Área de Voluntariado.

A menudo, personas que aparentemente tienen ganas de ayudar, terminan marchándose a los pocos días de haber empezado su voluntariado. No vuelven a aparecer. Y claro, tú, con la inversión de tiempo que has puesto en ellos explicándoles cómo funciona tu entidad social, te enfadas. Te enfadas y mucho.

¿Has pensado que la culpa no es solo de ellos? De las personas que se marchan sin avisar, digo.

Las ONG tienen SUPERPODERES que tienen que aprender a gestionar si quieren sacar todo el provecho para el bien de su causa social.

Si quieres implementar un plan de voluntariado en tu entidad social,

ya puedes empezar a hacerlo.

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PD: Son consultorías rápidas, eso sí, tienes que avisar con antelación para que te pueda reservar día y hora